Cara y cruz

Se ve que no se puede tener todo en esta vida.

Hoy he disfrutado de una fiesta muuuuy americana. El homecoming. Es una tradicción bastante arraigada por aquí, y consiste en dar la bienvenida a antiguos residentes y alumnos de la universidad con diversos eventos.

Este año han montado prácticamente una feria, llena de comida gratis, algodones de azucar, castillos hinchables, laberintos donde jugar por equipos con una pistola láser, pelotas de plástico en las que podías meterte y rodar, espectáculos acrobáticos donde llegaban a saltar hasta a 10 personas en fila…ah y cómo no, lo que más he disfrutado, una silla colocada encima de un tanque de agua y un pobre sentado en ella. Cuando llegué, había varias personas intentando dar a la diana que le haría caer, el pobre estaba aterrado y yo que no soy precisamente un virtuoso de los lanzamientos… como ejemplo os puedo contar que en unas fiestas en Móstoles había que lanzar unas piedras a unos platos, y los que corrían más peligro eran las personas que estaban detrás de mí… bueno volviendo al meollo, cogí la pelota, calenté el brazo, y cual pitcher le di en toda la diana a la primera. En ese instante sentí una explosión de alegría a mi alrededor mientras veía al chico caer al agua. He de decir que hoy hace un frío de mil demonios, con lo que no creo que le haya sentado muy bien. Espero que no se haya quedado con mi cara.

Después de eso nos acercamos a escuchar un poco de música en directo mientras nos hacíamos con algo de merchandising gratis. El grupo era bastante curioso, consistía en un trío: violinista, cantante-guitarrista y beatboxer. He de decir que lo hacían muy bien, el beatbox le daba un toque muy peculiar, y si no mirabas parecía que había una batería en ciertos momentos. A la vez jugaban con pedales y grababan ciertos sonidos, con lo que tenían un repertorio bastante variado.

Una vez terminaron de tocar se acercaba la hora de ir a la megafiesta que se está montando en estos momentos, y os preguntaréis, ¡y cómo leches que no estás en ella! pues el maldito homework, que como he dicho al comenzar el post, no se puede tener todo en la vida. Cuando me he encontrado con todo este festival del homecoming iba a intentar estudiar para salir por la noche a “la megafiesta”, pero lo comido por lo servido, llevo unas cuantas horillas sentado en el Life Science con la única compañía de un asiático que sigue ahí dándolo todo.

Mañana toca madrugar que hay prácticas de tiro en el estado de Michigan… a ver qué se cuece en esta aventura.

PD: Los malditos que están en la fiesta no paran de enviarme sms para que vaya… ¡hay que ser malnacido!

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Luis
    Sep 26, 2010 @ 14:22:36

    ¿Y cómo eligen al infeliz de la silla?

    Responder

    • José de Arcos
      Sep 26, 2010 @ 21:56:13

      Esa pregunta me sigo haciendo yo… justo me tocó uno nuevecito que estaba seco, el anterior se estaba congelando de frío.

      Responder

  2. Pedro
    Sep 29, 2010 @ 10:44:47

    Felicidades.

    Estas en un sitio donde merece la pena estar.
    Pásalo bien, y sobre todo, aprovéchalo.

    Y si puedes reengancharte, no pierdas la oportunidad.

    Responder

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