Seattle, the Emerald City!

Escribo desde más al norte aún que Chicago, ¡Seattle! Viendo la puesta del sol hundiéndose entre las montañas de la península olímpica.

¿Cómo he llegado aquí? Un compañero de teleco Madrid ha venido a Chicago a visitarme, o quizás a visitar a la ciudad y de paso a verme a mí 🙂 Sea como fuere me comentó que tenía unos amigos viviendo en Seattle y como a la ocasión la pintan calva, nos hemos presentado aquí maleta en mano.

El viaje comenzó un poco acelerado, el vuelo salía a las 7 de la mañana y nos queríamos despertar a eso de las 3 y media para ir con tiempo, lo dicho, queríamos. La realidad es que nos despertamos a eso de las 4 y media, y aunque podíamos haber arriesgado, decidimos coger un taxi. Cuando nos quisimos dar cuenta no teníamos ni idea de la terminal a la que ir y con el móvil en mano me puse a hablar por gmail con cualquier persona conectada. Sergio desde España nos dijo a qué terminal ir, el taxista condujo rápido y al final pudimos coger el vuelo con tiempo de sobra.

A partir de ahí todo ha sido disfrutar de una ciudad única: al llegar te maravillas con la panorámica que ofrecen las montañas, nevadas, los árboles, abundantes, y el océano pacífico, pristino, lamiendo la costa de la ciudad con un oleaje calmado por la bahía que refugia la ciudad.

Como buena ciudad americana que se precie, de las que ya voy conociendo unas cuantas (prometo escribir sobre ellas en cuanto tenga algo de tiempo), cuenta con un downtown poblado con rascacielos y una extensa área donde la altura máxima de los edificios no supera el segundo piso. Lo que hace especial a Seattle es esa naturaleza que te deja sin palabras, ¡y por supuesto que el transporte público es gratuito en downtown! Que aunque no sea catalán, la pela es la pela.

Seattle fue la sede de la exposición mundial hace 50 añitos, y como herencia el evento dejó el Space Needle, o la aguja espacial, que estos americanos siempre te saben vender las cosas con un nombre resultón. El primer día fue dominado por las nubes, que tienen fama de ser las principales inquilinas de Seattle, pero la suerte se puso de nuestra cara y hoy ha hecho un día espléndido. Mañana se espera un tiempo aún mejor, con lo que aprovecharémos para subir y ver los alrededores desde su cima.

Entre las muchas cosas que se pueden hacer en la ciudad has de ver el Pike Place Market, subir al Seattle Needle y/o ir al Sturbucks de la torre Colombus si no quieres pagar los 18 dollares que te sajan, visitar el primer Starbucks que también sede en la ciudad esmeralda (en esta zona tienen sede importantes emporios como Microsoft, RealNetworks, Amazon o Expedia), ver la casa de Kurt Cobain, y si tienes tiempo hacer uso de las visitas guiadas por la ciudad, entre ellas hay una interesante que recorre el Underground del que os hablaré en un momento.

El Pike Place Market cuenta con varios niveles que se adentran en las profundidades de la ciudad, está repleto de tiendas variopintas y te sugiere que Seattle esconde más de lo que parece, ¡y es que hay toda una ciudad por debajo de ella!

Si quieres saber más sobre ello lo mejor es realizar un tour por Seattle Underground. Resulta que después del gran incendio de 1889 (toda ciudad americana que se precie tiene un gran incendio) los habitantes de Seattle decidieron arreglar lo que hasta entonces era un estropicio de ciudad. Debido a su peculiar hidrografía el alcantarillado funcionaba de forma caprichosa, según las mareas la presión cambiaba y podías encontrarte con la gran sorpresa de que tu baño en vez de tragar agua la expulsaba. Hartos de mancharse el culo, vieron el incendio como una oportunidad, y en un gran proyecto de ingeniería levantaron la ciudad un piso de altura, en algunas zonas dos, con lo que los edificios que sobrevivieron fueron adaptados para que su segundo piso resultase el primero. Mientras las calles se elevaban poco a poco se llegó a una situación temporal curiosa donde para acceder a los locales elevados desde el nivel inferior se requería del uso de escaleras verticales. Por supuesto la ciudad tornó en un peligro para borrachos, que ya no podían abandonar los bares sin darse un piñazo y para las damiselas ataviadas con corpiños ajustados (con los que respirar no era fácil). Hay que decir que las faldas de varios metros de diametro de la época tampoco ayudaban a moverse.

El resultado ha sido una ciudad con cuestas de aupa, y más hueca que un queso gruyère, pero única en su constitución.

Mañana completaremos nuestra visita y el domingo volvemos a Chicago para seguir con la visita de la ciudad de Al Capone. Mientras os dejo con unas cuantas fotos para abrir boca.

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6 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. ElPutoAmo
    Abr 23, 2011 @ 14:28:01

    Que envidia sana me das !! asi se hace Royal !cuando puedo ir a verte!! di fechaaaaaaaaa ya :)) Voy a darle al sc2

    AL allllbaaaa vinceeereeeeeeeeee , vincereeeeeeeeeeeeeee vinceeeeeeereeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee! 🙂

    Responder

  2. Bea
    Abr 23, 2011 @ 14:38:39

    Llámame tiquismiquis pero donde pone “compañero” yo pondría “amigo”. No sé por qué siempre me ha gustado más esa palabra, cosas mías

    Responder

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