Un mes en China (Parte II)

Parte II: Hua Shan

Subiendo 10000 escaleras

Como os iba contando en la primera entrada estuve cerca de una semana en la provincia de Shaanxi. Agradeceré siempre a J y su familia la forma en la que me hospedaron, fueron muy atentos conmigo en todo momento, y en especial su idea de llevarme a una de las 5 montañas sagradas de China. Su nombre, Hua Shan, su eslogan: la atracción turística más peligrosa del mundo; si bien he de matizar que esto era realidad hace unos años más que ahora ya que con las Olimpiadas el gobierno chino se puso manos a la obra para mejorar las atracciones turísticas a lo largo y ancho del país, en concreto en Hua Shan se renovaron escalones y cadenas, se clausuraron rutas en mal estado y además, según me contó J, si quieres arriesgar la vida en las peores rutas de esta montaña parece ser que tienes que pagar un extra (además de la entrada) por alta peligrosidad. Estas zonas consisten en rutas hechas de tablones que llevarán ahí a saber cuanto al filo de un acantilado, de varios metros de huecos cavados en la roca para poner los pies en un tramo sin rastro de los ahora tan deseados tablones mugrientos en los que poder posarte si resbalas… de escaleras verticales o incluso con zonas de pendiente negativa en las que una cadena es la única ayuda para escalarlas, pero eso sí, todo ello con vistas impresionantes si tienes suerte de que la contaminación te esté dando un respiro, nunca mejor dicho.

En la base de Hua Shan

Hua Shan es el escenario de historias para niños en toda China, en las que se cuenta que guerreros legendarios se citaban a luchar y probar su destreza en las artes marciales en lo más alto de la sagrada montaña. Cuando leí lo que me esperaba mi parte lógica me decía quédate quieto donde estás, pero la parte aventurera tenía unas ganas inmensas de conocer este recinto. Al final la segunda ganó, nunca se sabe cuándo vas a tener de nuevo la oportunidad de visitar un lugar así. Las primeras 4 horas se basan en una ruta suave, escalones, con vendedores de agua y alimentos cada medio kilómetro, muy turístico llegaría a afirmar. Y es que en China siempre hay gente en todos los lados, esta montaña no iba a ser la excepción, con turistas de todo el país viniendo a visitar este paraje se concentran también vendedores que se ganan su sueldo a base de subir mercancía durante horas a espaldas por las escaleras más empinadas que he visto y probablemente veré en mi vida. Se ganaron todo mi respeto. Especialmente este señor del siguiente vídeo, que se hace un tramo sin manos y se pone a hacer equilibrios mientras toca la flauta. Sin palabras.

A menos de una hora de llegar al pico Norte ya empiezas a ver más escaleras de las que te gustaría, llegando a perderse de vista en las tortuosas curvas de la montaña. J y yo decidimos hacer el viaje de noche, mucha gente prefiere esto debido a que evitas el intenso calor del verano. Comenzamos la andadura hacia eso de las 4 de la tarde para estar antes de medianoche en el pico Este, desde el que se dice que se tienen las mejores vistas para ver el amanecer. Esto hizo que el efecto de las escaleras en la oscuridad fuera aún más aterrador, especialmente unas que recordaré toda mi vida:

Escaleras endemoniadamente largas

Al llegar a ellas no podía ver el final, coincidió que otros 5 chicos llegaron y las expresiones de nuestras caras era similar, sorpresa absoluta al ver ese monstruo delante nuestro, después de dudar por unos segundos si volver hacia atrás o seguir adelante un chico emprendió el camino de subida y el resto le seguimos. La pendiente era fácilmente de más de 70 grados. La única manera de subir era pegar tu cuerpo a ellas y avanzar poco a poco a cuatro patas, sin mirar abajo. Las mochilas cargadas con agua, comida y abrigo te podían hacer perder el equilibrio en cualquier instante. El momento cumbre llegó cuando en mitad de las escaleras, desde donde ya no podías ver el inicio en la oscuridad de la noche, varias personas emprendían su camino de vuelta. En esa escalera no cabían 2 personas y sus mochilas, con lo que había que agarrarse a las cadenas y curvar tu cuerpo hacia fuera para que el otro tuviera espacio al bajar, ahí fue cuando se me ocurrió mirar hacia abajo y mucho mejor si no lo hubiera hecho, no sólo por el vertigo sino por que luego miré hacía arriba y pude comprobar que seguía sin ver el fin. Me encontraba en mitad de la nada. Respiré hondo y seguimos el camino, al final el truco es ir paso a paso, mirar bien donde pones manos y pies, y no parar hasta llegar a tu destino. Cuando llegamos arriba perdí el equilibrio, supongo que por los nervios, pero ya estaba en tierra firme donde había un puesto de agua y comida, no sé cómo leches decidieron poner un puesto ahí pero olé sus huevos mandarines. Miré hacia abajo y como antes pasaba sólo podía ver oscuridad. Miré hacia arriba y había otro tramo de escaleras con el mismo perfil que el anterior, aunque más cortas ya que se podía ver el final con las lámparas que había cerca. Unos 20 minutos después llegamos al pico Norte, al que se puede llegar en funicular y te ahorras las 4-5 horas de caminata, y esas malditas escaleras.

Teleférico en Hua Shan

Después de esto no creía que me iba a encontrar con nada peor, y lo cierto es que así fue. Había partes con escaleras verticales, 90 grados o incluso más, pero mucho más cortas, de 4 ó 5 metros de altura como mucho.

Escaleras de las ¨facilitas¨

Andamos sin descanso pasando los hostales y sus tentadoras ofertas para dormir sin pasar el frío que nos esperaba. Pero todavía me quedaba un último susto cuando vi a lo lejos un hilo de luz vertical de una altura más que considerable, por la perspectiva podría decir que era al menos el doble que el tramo de escaleras que anteriormente he descrito, y se veía totalmente vertical. Si con unos 70 grados por poco no lo cuento, ese muro iba a ser el que me iba a mandar a casa. J no daba muchos ánimos ya que él recordaba haber hecho un muro totalmente vertical más adelante la primera vez que fue, pero al final resultó que su memoria era para una de las escaleras finales del camino, difícil tramo pero no tan larga como esta se presentaba. Al seguir caminando hacia ella el ángulo de visión cambió y pude observar con cierto respiro que todo era una ilusión óptica y eran escaleras normales, muy largas, pero con una pendiente factible. Por ser de noche no pude saber que me encontraba pasadas las llamadas Escaleras hacia el Cielo (Starway to heaven para los amantes de Led Zeppelin), y esas escaleras que me asustaron en un principio eran el Black Dragon Ridge, uno de los tramos más famosos en el que no hay nada rodeándote si miras a la derecha o a la izquierda, parecen casi construidas en las nubes (os aconsejo buscar fotos). Al ser de noche sólo podía ver oscuridad a los dos lados desde donde llegaba un frío viento que nos acompañó hacía el pico Este. Al llegar allí a eso de las 11 de la noche nos detuvimos a descansar un poco, el amanecer no era hasta las 5 de la mañana. Era curioso que se alquilaban una especie de uniformes rusos verdes para pasar la noche en calor, el frío era intenso a esa altitud, que resultaron ser abrigos muy de moda unas décadas atrás: la razón es que Rusia fue el modelo de China por muchos años y de hecho gran parte de las carreteras e infraestructuras de China fueron construidas con ayuda rusa.

Uniformes verdes

Al principio no había mucha gente en el pico, pero desde medianoche hasta las 5 llegó gente sin parar, un goteo continuo de chinos que saturó cualquier espacio libre que había. La estancia se convirtió en una lucha por conseguir el mejor sitio para ver el amanecer, que irónicamente fue nublado. Según uno de los vendedores de abrigos, debido a la contaminación y la climatología china sólo se puede ver el amanecer 3 días de cada mes. Un 10% de probabilidades de verlo. No hubo suerte, aún así me encantó estar ahí contemplando la luz llenar el cielo. Fue la misma noche que España ganó a Francia en la Eurocopa. Viva el 3G, gracias a él pude seguirlo en vivo y directo.

Amanecer en Hua Shan

Por la mañana pudimos ver parte de las rutas más peligrosas ya que muchas de ellas están cerca del pico Este. Una de ellas era especialmente llamativa, consistía en un acceso a un templo donde los antiguos monjes Taoístas jugaban al ajedrez en mitad de las nubes, estos sí que saben. Al bajar decidimos coger el funicular en el pico Norte para evitar esas 4-5 horas de escaleras y poder dormir un poco. Llegamos a las 12 de la mañana a Xi’an, estábamos muertos pero con una experiencia inolvidable recién vivida.

Templo del ajedrez

Hasta aquí Hua Shan, si os habéis quedado con más ganas buscad en google, hay muchas fotos y relatos de la montaña, por ejemplo aquí la historia de la montaña o aquí unas cuantas fotos más. Por mi parte ya he escrito bastante, lo cierto es que si me he extendido tanto es por que esta fue mi mejor experiencia en China y la que más recuerdos me ha dejado. El resto del viaje lo viví solo, pasé 6 días en Beijing, pero de eso os hablaré en la próxima y última entrada sobre mi viaje a China. ¡Hasta entonces!

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Rafa
    Ago 21, 2012 @ 04:29:25

    Que chulada!!!! yo quiero ir! me he quedado de piedra con el shaolin de la flauta pq sin duda para hacer eso debes ser el maestro de Kung Fu. Que tio… ya veo que no te lo pasas mal no, disfruta!!! Por cierto tengo una idea en mente y me vendria genial saber lo que piensas, te la cuento por mail?

    Un abrazo!!

    Responder

    • José
      Ago 21, 2012 @ 09:44:32

      Si me llegas a ver a mí subiendo esa parte… usando mis cuatro extremidades me llevó el mismo tiempo que a él tocando la flauta 🙂

      Estoy a la espera de tu e-mail 😉

      Responder

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