European style

Después de leer un artículo sobre el origen de la procrastinación, he decidido que ya toca dejar este mal hábito y volver a contaros cómo me van las cosas por aquí.

Retomo la historia donde la dejé, hace dos semanas fui a practicar tiro en Michigan City al sureste de Chicago, el viaje no llevó más de hora y media pero en el trayecto cambiamos de huso horario. Estabamos acercándonos al club de tiro cuando pudimos vislumbrar miles (no exagero) de bicicletas acercándose hacia nosotros a lo largo de la típica carretera américana, una recta. En el coche iba con 4 físicos más, y nos entró la risa tonta al ver los primeros cientos, pero cuando llevas unos cuantos kilometros y siguen apareciendo bicis, empiezas a dudar de tus propios ojos. Desconozco el evento que dió lugar a hacerme pensar que estaba en una cinta de moebius, pero creo que estaba todo el estado de Michigan montado en su bici ese día.

Después de esta escena surrealista nos dirigimos al campo de tiro, eramos unos 10 los que nos acercamos hasta allí y he de decir que me lo pasé en grande. El reto consistía en tiro al plato, los llamados “birds” salían disparados a tu orden, y los que dispararon antes que yo tuvieron bastante tino. Así pues cuando me llego el momento estaba un poco asustado de hacer el ridículo, pero mira tú por dónde, mis dos primeros disparos fueron diana. Allí aprendí que cada persona tiene un ojo dominante, y que en el caso de las mujeres está por ver si lo tienen, de hecho se pudo comprobar experimentalmente que la chica que nos acompañaba no lo tenía muy claro, pero no es nada malo, lo justificaban con la eterna dicotomía monotarea(hombre)-multitarea(mujer).

En cada turno disparabamos dos cartuchos con sendas escopetas, teníamos una que se abría por la mitad y otra que sacaba los cartuchos por el lateral. Después de irme defendiendo en cada stage* llegó el momento de cambiar de blanco, y nos pusieron unos platos que se lanzan horizontales al suelo con bastante momento angular con lo que saltan y brincan de forma aleatoria. Allí los consideraban bastante complicados, su nombre: conejos o rabbits.

De nuevo 5 ó 6 personas dispararon antes que yo, entre ellas el monitor que era cazador. Ninguno de ellos pudo impactar a los rabbits, y a la segunda oportunidad el monitor acertó a uno. Cuando llegó mi turno me dispuse a disparar, estaba apuntando y “clack”, se atascó. Después de ese gatillazo volví a ponerme en posición y cuál fue mi sorpresa cuando veo al conejo estallar en mil pedazos. Nice shot! Había acertado y no me lo creía. Salió el segundo conejo, pues tenemos 2 cartuchos por ronda, y también le di. El monitor no acertaba a creer que lo hubiera hecho, y me dió dos cartuchos más para comprobar si había sido una racha de suerte. Yo le afirmé que desde luego así era, y ya con la atención de toda la gente sobre mí volví a tener la misma suerte de antes. 100% con los rabbits y pude escuchar una ovación que me hizo sentir muy orgulloso pero entre vosotros y yo, si me toca disparar una vez más me da algo.

Así pues me llevé la denominación de “Rabbit champion”, por algo será jeje. Después de todo me llevé unos cuantos discos de recuerdo, y sobretodo la sensación de habérmelo pasado bien. Al principio estaba un poco asustado rodeado de americanos a los que no les acababa de entender el acento, pero al final a todo se hace uno. Nunca hay que dejar pasar una oportunidad por este tipo de miedos.

Quizás os preguntáis el porqué del título del post. Resulta que esos dos primeros disparos que hice a los pájaros los hice con el estilo europeo. Me hizo gracia que me comentase eso el monitor, pues no sabía que yo era de Europa (no había abierto mi bocaza por entonces). El estilo europeo consiste en esperar a que el pájaro baje de su cenit, seguir con el arma al objetivo y una vez rectificada la posición disparar, o algo así me hizo entender. Ellos simplemente disparaban en cuanto salía el plato. Yo creo que los americanos a cualquier cosa que les es ajena lo tildan de europeo.

Pero aquí no queda la cosa, cuando fui de compras a por mi “superabrigo” NorthFace con el que te puedes asar en el polo norte, fui vestido con zapatos, un pantalón vaquero, una camisa y una chaqueta vaquera. Estaba con dos franceses y en esto que una chica me pide paso, le digo que sin problemas y me dice, oh ¿sabes qué? me encanta tu estilo europeo. Nos echamos a reir y yo ya empiezo a pensar que tengo alguna pegatina en la espalda…

Todavía tengo muchas cosas que contaros, pero lo dejo por hoy que ya es bastante largo. Marcho a una fiesta de cumpleaños y… este finde marcho a Saint Louis. ¡¡Ya os contaré!!

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Cara y cruz

Se ve que no se puede tener todo en esta vida.

Hoy he disfrutado de una fiesta muuuuy americana. El homecoming. Es una tradicción bastante arraigada por aquí, y consiste en dar la bienvenida a antiguos residentes y alumnos de la universidad con diversos eventos.

Este año han montado prácticamente una feria, llena de comida gratis, algodones de azucar, castillos hinchables, laberintos donde jugar por equipos con una pistola láser, pelotas de plástico en las que podías meterte y rodar, espectáculos acrobáticos donde llegaban a saltar hasta a 10 personas en fila…ah y cómo no, lo que más he disfrutado, una silla colocada encima de un tanque de agua y un pobre sentado en ella. Cuando llegué, había varias personas intentando dar a la diana que le haría caer, el pobre estaba aterrado y yo que no soy precisamente un virtuoso de los lanzamientos… como ejemplo os puedo contar que en unas fiestas en Móstoles había que lanzar unas piedras a unos platos, y los que corrían más peligro eran las personas que estaban detrás de mí… bueno volviendo al meollo, cogí la pelota, calenté el brazo, y cual pitcher le di en toda la diana a la primera. En ese instante sentí una explosión de alegría a mi alrededor mientras veía al chico caer al agua. He de decir que hoy hace un frío de mil demonios, con lo que no creo que le haya sentado muy bien. Espero que no se haya quedado con mi cara.

Después de eso nos acercamos a escuchar un poco de música en directo mientras nos hacíamos con algo de merchandising gratis. El grupo era bastante curioso, consistía en un trío: violinista, cantante-guitarrista y beatboxer. He de decir que lo hacían muy bien, el beatbox le daba un toque muy peculiar, y si no mirabas parecía que había una batería en ciertos momentos. A la vez jugaban con pedales y grababan ciertos sonidos, con lo que tenían un repertorio bastante variado.

Una vez terminaron de tocar se acercaba la hora de ir a la megafiesta que se está montando en estos momentos, y os preguntaréis, ¡y cómo leches que no estás en ella! pues el maldito homework, que como he dicho al comenzar el post, no se puede tener todo en la vida. Cuando me he encontrado con todo este festival del homecoming iba a intentar estudiar para salir por la noche a “la megafiesta”, pero lo comido por lo servido, llevo unas cuantas horillas sentado en el Life Science con la única compañía de un asiático que sigue ahí dándolo todo.

Mañana toca madrugar que hay prácticas de tiro en el estado de Michigan… a ver qué se cuece en esta aventura.

PD: Los malditos que están en la fiesta no paran de enviarme sms para que vaya… ¡hay que ser malnacido!

Una semana solo en Chicago

¡Y qué semana!

Sé que algunos de vosotros habéis estado esperando que actualizase esto, pero al menos he tenido una buena razón para la tardanza: No he parado ni un minuto. Y es que desde que pisé suelo americano me he sentido como en casa, pero no antes, el aeropuerto se hace bastante frío y tenso, parece que estás pasando un examen con tanto ojo encima tuyo, pero aún así todo fue bien. En el avión fui con un chico español que iba a San Luis, y jugamos en unas pantallas al trivial, chess, etc. Era un sistema bastante divertido ya que podías jugar contra todo el avión, aunque cada vez que la tripulación decía algo se paraba, y creedme que era bastante a menudo… menuda verborrea se traían.

Lo primero que hice en Atlanta fue tomarme un buen perrito caliente, aquí se nota que hacen todo a lo grande, y no iba a ser menos con mi señor perrito y su respectiva caja envoltorio. El vuelo nacional entre Atlanta y Chicago fue bastante apacible, y una vez aterricé no necesité pasar de nuevo por ningún control, ya estaba en la ciudad del viento. Me fue bastante extraño recoger las maletas casi fuera del aeropuerto, practicamente en la entrada, y una vez con ellas me dirigí a la terminal internacional donde me esparaba el autobus del IIT. Allí había un chino, si no mal recuerdo se llamaba Mu, que me dió bastante conversación, me lo he encontrado un par de veces más por el campus y es un tío bastante majo, el resto del autobus estaba compuesto por una muestra de 20 chinos y 4 indios, era el único europeo y se ve que el ratio se mantiene dentro del campus, así que ya me voy acostumbrando a acordarme de nombres curiosos cuanto menos, aunque también los tienen normalitos como “Mónica”.

El siguiente día me desperté a eso de las 6, la noche anterior me quedé organizando la habitación, poniendo la ropa en el armario, haciendo una lista de la compra y me fui a dormir a eso de las 22h hora local, lo que serían las 5 en España. Sin saber qué hacer hasta que abriesen las cosas a las 9, decidí irme a dar una vuelta por el campus y desayunar cuando observo que la llave que me había dado Jenny (mi vecina que también trabajaba en housing) no funcionaba. Después de hablar con el recepcionista y convencerle de que no soy tan toli como para no saber cerrar una puerta llamó a un segurata, subió conmigo y por poco tira la puerta abajo hasta que se convenció de que la llave no funcionaba, la solución era ir a housing a por otra llave, y en efecto no eran iguales, aunque a la que estaba en housing por la mañana le costó un tiempo convencerse de ello.

Una vez pude dejar mis efectos personales al buen recaudo de una puerta cerrada, me fui a desayunar un cafe y un muffin de pasas en McCormick, el edificio central del campus donde entre otras cosas hay billar, pingpong y está the commons donde voy a ir a comer todos los días un buffet libre bastante variado, con muuuucha grasa y muuuuy rica por supuesto. Después del café estuve de un sitio para otro para conseguir el health insurance, conocer al advisor y por supuesto el carnet de la escuela que se llama el Hawkcard (por lo que se ve los estudiantes del IIT son los halcones)

Después de toda la burocracia me uní a unos indios que estaban jugando al volley playa, y entonces vi a los primeros españoles llegar, ¡y encima de teleco! estuve con ellos y fue bastante curioso que me encontré con Mu y con unos cuantos que ya conocía en la misma calle, parecía que llevase en el campus una eternidad, lo que me hizo pensar lo sorprendentemente fácil que es adaptarse a un sitio y a su gente.

Ese mismo día emprendí mi pequeña odisea para conseguir el portatil, esto fue por la mañana antes del volley, pregunté a los de seguridad dónde estaba el BestBuy más cercano y me aconsejaron ir a la 87th. La universidad está en la 35th y está bastante lejos del Downtown, el centro de la ciudad, pues imaginaros esa distancia casi 2 veces hacia el sur, seguramente no era el BestBuy más cercano pero sí el más peligroso, debía ser el único blanco en unas cuantas millas a la redonda, y cuando entré en la tienda que estaba diseñada para ir en coche en vez de andando me costó un tiempo decidirme, pero el portatil que quería no lo tenían, y me reservaron uno en la 79th, estaba claro que ya era tarde, tenía que ir al IIT tower a las 4 y si compraba un portatil en la peor zona de Chicago era posible que me durase menos que una piruleta en la puerta de un colegio con lo que lo dejé para otro día.

Ese otro día fue el siguiente, era el cumpleaños de Aitor y nos fuimos a Millenium Park a ver Downtown, por haceros una idea la foto que está de cabecera está tomada desde cerca de donde estuvimos, de hecho me subí al puente y me hizo mucha ilusión llegar allí de casualidad, sin saber cómo estaba en el puente de mi blog. Fue una tarde bastante divertida, Chicago es impresionante, los edificios son majestuosos y daba gusto estar rodeado de esos colosos. Millenium Park tiene una zona dedicada a conciertos con cesped donde nos tumbamos y suelen poner música en directo, aunque cuando llegamos nosotros sólo había una grabación de música clásica, el sitio estaba lleno de gente tumbada con botellas de champaña y vino. En este parque está la famosa judía-espejo de Chicago, nos tomamos unas fotos y también me metí de lleno en una fuente-catarata donde proyectan fotos, salí empapado pero allá donde voy si puedo liarla lo intento. La anécdota divertida de la tarde nos la aportó Vicente, fuimos a meter los pies en un pequeño riachuelo artificial que está justo al lado y en esto que le avisan de que se le puede caer una sandalia al riachuelo, esa no se cayó pero la otra ya estaba navegando. Por mucho que buscamos no pudimos encontrarla y después de muchas coñas desistimos y fuimos a comprarle un par nuevo. Nos costó encontrar una tienda, y la única que parecía que tenía algo de ropa parecía de chicas, pero al final encontramos un apartado de hombres y asunto solucionado. Después de la aventura nos acercamos a Roosevelt, donde hay bastantes centros comerciales, y después de equiparnos con tostadores, mantas, cubiertos etc… fuimos con todo ello a cuestas hasta el BestBuy donde compre mi flagrante Asus desde donde os escribo.

El siguiente día había que asistir a unas cuantas cosas del Orientation y me hice con mi cuenta Citibank en USA. También compré como un burro sartenes, helado de 5 litros, comida como parar a un batallón, papel higiénico, servilletas… llevaba unos cuantos kg por brazo, 8 bolsas en cada uno, y la gente al verme pasar se quedaba mirando, normal… empecé a llenar el carrito y cuando me quise dar cuenta tenía demasiado, como en el carrito no pesa pues pasa lo que pasa.

El viernes fue un gran día, participé en unos juegos que había para conocer a gente, y entre otras cosas jugamos al piedra papel y tijera. No me enteré muy bien de qué iba todo esto cuando de repente, después de ganar a unos cuantos, estoy rodeado por decenas de personas, me levantan en volandas, me preguntan mi nombre y comienzan a gritarlo: Yosé Yosé Yosé!, y me fueron llevando de un lado a otro para seguir jugando a piedra papel y tijeras contra otras personas que también estaban en el aire. He de decir que fue super divertido sentirse un poco el rey del mundo, y aunque no gané (perdí contra el que ganó) llegué bastante lejos y la experiencia fue genial.

Después de seguir jugando a bastantes cosas, me fui a ducharme y prepararme para lo que sería mi primera fiesta nocturna en Chicago. Era el cumpleaños de un chico llamado Javier Perez, que por email nos invitó a todos por ir. 4 copas gratis si ibamos antes de las 11, y eso claro había que celebrarlo. Pero antes fuimos a The Bog, la ludoteca por excelencia del campus, ¡qué sitio! es impresionante, bolera, ping pong, billar, guitar hero, fifa, espectáculos, karaoke, grupos de teatro y comedia, comida… todo lo que puedes pedir a un lugar para pasar una buena noche con tus amigos. Después de tomarme la enésima hamburguesa en 4 días, marchamos a downtown en busca del SoundBar, donde pasamos una noche junto al grupo de franceses. Margaux, Emilie y Bastian nos acompañaron, y Aymeric se quedó en la bolera pero ha prometido unirse para la próxima. Son bastante majos y junto con los españoles somos unos cuantos. La fiesta duró hasta las 4, y después de unas imágenes un tanto surrealistas descansé hasta hoy, día en el que por fin he tenido un pequeño relax. Me desperté tarde y me fui a eso de las 4 a The Quad, donde están todas las fraternidades. Cada una preparó su barbacoa, su fruta, su bebida y TODO gratis. Había volleyball, esta vez en hierba, donde me eché 5 partidos ¡y ganamos todos! he de decir que había una freshman que jugaba muy bien, golpes muy suaves y muy bien colocados, y el hecho de que la red no estaba muy alta me permitió lucirme con 2 bloqueos y un golpe de pecho con el que nos reimos bastante. También jugué al Ninja, un juego que nunca había visto hasta que llegué aquí y que es bastante adictivo, consiste en formar un grupo de personas, con 2 vale, y hacer un circulo. Va por turnos y el objetivo es tocarle la mano al contrincante para descalificarle. Tienes un turno de defensa y otro de ataque, cuando llegue a Madrid lo tenemos que probar. Después de jugar unas cuantas veces por fin pude ganar una vez y me fui contento a probar otras actividades. Entre ellas estuvo la de ponerme en una especie de castillo inflable con una cuerda elástica y correr lo más lejos posible para depositar una bolsa con velcro y ver quién ha ganado. En esta no tuve tanto éxito pero me lo pasé igual de bien. Ya iba para casa después de pasar toda la tarde allí cuando me encontré con unos cuantos chinos jugando al fútbol (soccer) y me uní a ellos. Tuve la coña de marcar un gol al principio y se llegaron a creer que era bueno, pobres ingenuos, después de mantener mi farsa durante media hora me fui a pegarme una ducha. Entonces Emilie me dijo que me uniese a ellos en el SSV, uno de los edificios que hospedan a estudiantes, y estuve hablando con ellos un rato, nos acercamos a The Bog pero estaba cerrado, con lo que después de tomarnos algo al aire libre he vuelto lo suficientemente pronto como para escribiros sobre esta semana casi inolvidable.

Mañana viene Brenton, así que empieza un nuevo capítulo, la convivencia con un americano. Can´t wait for it!

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