Un mes en China (Parte III)

Parte III: Beijing

Reflejos en la ciudad prohibida

En la gran capital concluyó mi primer viaje a China. Desde aquí salía mi vuelo de vuelta a Chicago pero antes de eso tenía 6 días por delante para disfrutar la “capital del Norte”, lo que literalmente significa Beijing (北京). Como curiosidad me gustaría contaros que Tokio recibe el nombre de la capital del Este (东京, Dongjing), y Xi’an (西安), de la que ya os hablé hace un tiempo, es el nombre que recibe la ciudad a la que le correspondería Xijing (西京) que como podéis intuir es la capital del Oeste. La capital del Sur es menos conocida pero también existe, Nanjing (南京). Estos nombres han ido variando a lo largo de la historia, ya que las capitales cambiaban según la dinastía gobernante, y no es complicado confundirse. Después de este inciso os contaré cómo fue mi experiencia:

El camarote del tren

Fui a Beijing en tren dormitorio desde Xi’an, siendo esta la primera vez en mi vida que dormía algo más que una siesta en un vagón. Compartí “camarote” con una pareja mayor y una estudiante de unas de las múltiples universidades de Beijing, no hablaban inglés pero entre las pocas palabras básicas que conocía y la inestimable ayuda del iPad nos pudimos comunicar. Les conté que era mi primer viaje por China y que era un estudiante de España aunque venía desde América, ellos por su parte me dijeron que la chica estudiaba en Beijing pero había aprovechado las vacaciones para ir a ver su familia en Xi’an, después de no encontrar más temas de los que hablar la chica se puso a hacer punto de cruz y el señor mayor decidió fijar la mirada en la ventana, así hasta que cayó la noche, yo me fui a dormir y él siguió en su posición vigilante, no sé si llegó a descansar. El viaje fue mucho más cómodo de lo que esperaba pero en todo el trayecto no reuní el coraje suficiente para ir al cuarto de baño común. Los baños chinos son un ecosistema en sí del que no me gusta formar parte.

Mi habitación de hotel

Luces del hotel

A las 8 de la mañana llegamos a Beijing y me dirigí al hotel para dejar el equipaje. El hotel tenía mucho encanto, acababa de ser renovado, con muchas decoraciones made in China y se encontraba en los hutongs cercanos al Templo Lama. Me dediqué a hacer turismo y miles de fotos sin descanso durante la siguiente semana aunque no fue hasta el último día que fui a visitar la Ciudad Prohibida, que anunciaban como la joya de la corona de Beijing, lo que concentra a una inmensa marabunta de turistas, la mayoría chinos, entre la que es difícil moverse. En Beijing si no estás despierto sobrevivir a los timadores puede llegar a ser todo un reto, y al final se hace un poco desagradable lidiar con ellos, sobretodo al andar por el centro de la ciudad donde se concentran los turistas. Si algo debes saber al ir a Beijing es que el ciudadano medio no es por lo general una persona que se acerque a los extranjeros, al contrario, será tímido y no sabrá defenderse en inglés. Si alguien se acerca de forma amigable tendrás que desconfiar hasta que se demuestre que no busca tu dinero, que es lo más común. De hecho conocí una excepción, un chico de unos 16 años que quería practicar inglés (muchos timadores usan esa excusa), pero el resto de personas que se acercaron a hablar conmigo intentaban liármela y alguno lo consiguió, aunque esa historia os la cuento otro día.

La ciudad prohibida

A parte de esto Beijing es una ciudad muy interesante donde tuve la suerte de estar en uno de los Hutongs mejor conservados, son barrios que preservan la distribución de callejuelas antiguas y edificios pequeños, cada vez más difíciles de encontrar en favor de las nuevas zonas con inmensas avenidas y edificios; son los últimos restos de la antigua ciudad. Después de varios días probando el pato de Beijing, la especialidad regional, y de visitar todos los monumentos posibles decidí acercarme a la muralla China. A la hora de decidir a qué parte de la muralla quieres ir tienes que tener en cuenta el factor aglomeración. Cuanto más lejos vayas menos gente habrá, aunque también será más difícil encontrar un medio de transporte que te lleve. Después de mucho leer en internet decidí ir a JinShanLing y la verdad es que lo recomiendo, fue una experiencia muy buena con grandes vistas y partes en las que casi había que escalar, no toda la muralla está en buen estado, aunque nada comparado a Hua Shan.

¡El Loto Azul de Tintín!

Para llegar a JinShanLing tuve que ir un par de veces a la estación de autobuses; la primera me sirvió para saber dónde estaban las dársenas desde donde salen los buses a la gran muralla. Me costó lo suyo encontrarlos ya que estaban fuera de la estación, en un lugar bastante escorado y apartado. Además cuando fui a preguntar a un par de guardias en la entrada estos no hablaban inglés y mostraban cara de confusión cuando les señalaba el cartel que tenían en frente que anunciaba tours a JinShanLing. Aprovechando esto una mujer me cogió por banda afirmando que ella me iba a indicar, por el camino me intentaba convencer de que la única opción era ir con ella en su taxi, lo cierto es que esa era una de las rutas pero no la que yo quería ya que no era directa y tenía que encontrar un taxi para ir y volver desde donde te deja el autobús hasta la muralla. Ella me afirmó que la ruta que yo buscaba salía a las 7 de la mañana y que si quería ir a la muralla tenía que ser con ella (eran las 7.30 por entonces). Lo mejor es siempre ir informado de antemano en internet, sabía que me estaba mintiendo ya que había una línea directa que salía a eso de las 8. Le agradecí la caminata y me fui a buscar el autobús antes de perderlo, ya eran casi las 8. Al final tuve que ir el día siguiente pero ya lo tenía todo localizado. Ese domingo tuve la suerte de conocer a un grupo de extranjeros con los que disfrutar la Gran Muralla: una chica británica que estaba pasando una temporada con otra amiga suya de Beijing, una chica italiana que estaba estudiando Chino en Shanghai, otro británico que trabajaba como IT en Hong Kong y otra chica china que estudiaba en los Estados Unidos.

Gran Muralla

En la Gran Muralla

En la Gran Muralla

Estuvimos juntos todo el viaje y nos lo pasamos bastante bien disfrutando de las vistas. En el trayecto de la muralla nos acompañaron unas mujeres de Mongolia. Hay muchos inmigrantes por la cercanía territorial que buscan un mejor panorama en su vecina del Sur. Estas mujeres persiguen a los turistas, si buscas algo de intimidad para disfrutar las vistas tendrás que ser algo desagradable para deshacerte de ellas, pero lo cierto es que al final te apiadas un poco de ellas. Su día a día es llevar carga arriba y abajo, tomar unas cuantas fotos (en las que casi siempre te cortan las piernas) e intentar venderte sus souvenires. Para ser justos fueron en todo momento bastante amables. Por ejemplo una de las chicas compró un helado y se le cayó al momento de comprarlo, en ese momento una de las mujeres pidió a la vendedora (del mismo grupo de Mongoles) que le diese uno nuevo gratis. Así es que al final acabé comprándoles unos palillos chinos, a precio de oro. Al volver a Beijing me despedí de la ciudad pasando la última noche con estos chicos, tomando tapas en un restaurante ‘español’ que estaba cerca de mi hotel y yendo a cenar al lugar donde se originó el famoso pato pekinés (absténganse bolsillos pequeños, el británico, muy amablemente, invitó a todo ya que parece ser que pagaba la empresa). Para acabar el viaje nada mejor que ver cómo España ganaba la Eurocopa a Italia. Me tuve que contener para no cantar los goles ya que eran las 5 de la mañana en China, pero qué placer da viajar con pasaporte Español el día siguiente a una victoria en la Eurocopa. Espero que la próxima vez que vaya (pronto, muy pronto) todo salga igual de bien.

Flor de loto

Un mes en China (Parte II)

Parte II: Hua Shan

Subiendo 10000 escaleras

Como os iba contando en la primera entrada estuve cerca de una semana en la provincia de Shaanxi. Agradeceré siempre a J y su familia la forma en la que me hospedaron, fueron muy atentos conmigo en todo momento, y en especial su idea de llevarme a una de las 5 montañas sagradas de China. Su nombre, Hua Shan, su eslogan: la atracción turística más peligrosa del mundo; si bien he de matizar que esto era realidad hace unos años más que ahora ya que con las Olimpiadas el gobierno chino se puso manos a la obra para mejorar las atracciones turísticas a lo largo y ancho del país, en concreto en Hua Shan se renovaron escalones y cadenas, se clausuraron rutas en mal estado y además, según me contó J, si quieres arriesgar la vida en las peores rutas de esta montaña parece ser que tienes que pagar un extra (además de la entrada) por alta peligrosidad. Estas zonas consisten en rutas hechas de tablones que llevarán ahí a saber cuanto al filo de un acantilado, de varios metros de huecos cavados en la roca para poner los pies en un tramo sin rastro de los ahora tan deseados tablones mugrientos en los que poder posarte si resbalas… de escaleras verticales o incluso con zonas de pendiente negativa en las que una cadena es la única ayuda para escalarlas, pero eso sí, todo ello con vistas impresionantes si tienes suerte de que la contaminación te esté dando un respiro, nunca mejor dicho.

En la base de Hua Shan

Hua Shan es el escenario de historias para niños en toda China, en las que se cuenta que guerreros legendarios se citaban a luchar y probar su destreza en las artes marciales en lo más alto de la sagrada montaña. Cuando leí lo que me esperaba mi parte lógica me decía quédate quieto donde estás, pero la parte aventurera tenía unas ganas inmensas de conocer este recinto. Al final la segunda ganó, nunca se sabe cuándo vas a tener de nuevo la oportunidad de visitar un lugar así. Las primeras 4 horas se basan en una ruta suave, escalones, con vendedores de agua y alimentos cada medio kilómetro, muy turístico llegaría a afirmar. Y es que en China siempre hay gente en todos los lados, esta montaña no iba a ser la excepción, con turistas de todo el país viniendo a visitar este paraje se concentran también vendedores que se ganan su sueldo a base de subir mercancía durante horas a espaldas por las escaleras más empinadas que he visto y probablemente veré en mi vida. Se ganaron todo mi respeto. Especialmente este señor del siguiente vídeo, que se hace un tramo sin manos y se pone a hacer equilibrios mientras toca la flauta. Sin palabras.

A menos de una hora de llegar al pico Norte ya empiezas a ver más escaleras de las que te gustaría, llegando a perderse de vista en las tortuosas curvas de la montaña. J y yo decidimos hacer el viaje de noche, mucha gente prefiere esto debido a que evitas el intenso calor del verano. Comenzamos la andadura hacia eso de las 4 de la tarde para estar antes de medianoche en el pico Este, desde el que se dice que se tienen las mejores vistas para ver el amanecer. Esto hizo que el efecto de las escaleras en la oscuridad fuera aún más aterrador, especialmente unas que recordaré toda mi vida:

Escaleras endemoniadamente largas

Al llegar a ellas no podía ver el final, coincidió que otros 5 chicos llegaron y las expresiones de nuestras caras era similar, sorpresa absoluta al ver ese monstruo delante nuestro, después de dudar por unos segundos si volver hacia atrás o seguir adelante un chico emprendió el camino de subida y el resto le seguimos. La pendiente era fácilmente de más de 70 grados. La única manera de subir era pegar tu cuerpo a ellas y avanzar poco a poco a cuatro patas, sin mirar abajo. Las mochilas cargadas con agua, comida y abrigo te podían hacer perder el equilibrio en cualquier instante. El momento cumbre llegó cuando en mitad de las escaleras, desde donde ya no podías ver el inicio en la oscuridad de la noche, varias personas emprendían su camino de vuelta. En esa escalera no cabían 2 personas y sus mochilas, con lo que había que agarrarse a las cadenas y curvar tu cuerpo hacia fuera para que el otro tuviera espacio al bajar, ahí fue cuando se me ocurrió mirar hacia abajo y mucho mejor si no lo hubiera hecho, no sólo por el vertigo sino por que luego miré hacía arriba y pude comprobar que seguía sin ver el fin. Me encontraba en mitad de la nada. Respiré hondo y seguimos el camino, al final el truco es ir paso a paso, mirar bien donde pones manos y pies, y no parar hasta llegar a tu destino. Cuando llegamos arriba perdí el equilibrio, supongo que por los nervios, pero ya estaba en tierra firme donde había un puesto de agua y comida, no sé cómo leches decidieron poner un puesto ahí pero olé sus huevos mandarines. Miré hacia abajo y como antes pasaba sólo podía ver oscuridad. Miré hacia arriba y había otro tramo de escaleras con el mismo perfil que el anterior, aunque más cortas ya que se podía ver el final con las lámparas que había cerca. Unos 20 minutos después llegamos al pico Norte, al que se puede llegar en funicular y te ahorras las 4-5 horas de caminata, y esas malditas escaleras.

Teleférico en Hua Shan

Después de esto no creía que me iba a encontrar con nada peor, y lo cierto es que así fue. Había partes con escaleras verticales, 90 grados o incluso más, pero mucho más cortas, de 4 ó 5 metros de altura como mucho.

Escaleras de las ¨facilitas¨

Andamos sin descanso pasando los hostales y sus tentadoras ofertas para dormir sin pasar el frío que nos esperaba. Pero todavía me quedaba un último susto cuando vi a lo lejos un hilo de luz vertical de una altura más que considerable, por la perspectiva podría decir que era al menos el doble que el tramo de escaleras que anteriormente he descrito, y se veía totalmente vertical. Si con unos 70 grados por poco no lo cuento, ese muro iba a ser el que me iba a mandar a casa. J no daba muchos ánimos ya que él recordaba haber hecho un muro totalmente vertical más adelante la primera vez que fue, pero al final resultó que su memoria era para una de las escaleras finales del camino, difícil tramo pero no tan larga como esta se presentaba. Al seguir caminando hacia ella el ángulo de visión cambió y pude observar con cierto respiro que todo era una ilusión óptica y eran escaleras normales, muy largas, pero con una pendiente factible. Por ser de noche no pude saber que me encontraba pasadas las llamadas Escaleras hacia el Cielo (Starway to heaven para los amantes de Led Zeppelin), y esas escaleras que me asustaron en un principio eran el Black Dragon Ridge, uno de los tramos más famosos en el que no hay nada rodeándote si miras a la derecha o a la izquierda, parecen casi construidas en las nubes (os aconsejo buscar fotos). Al ser de noche sólo podía ver oscuridad a los dos lados desde donde llegaba un frío viento que nos acompañó hacía el pico Este. Al llegar allí a eso de las 11 de la noche nos detuvimos a descansar un poco, el amanecer no era hasta las 5 de la mañana. Era curioso que se alquilaban una especie de uniformes rusos verdes para pasar la noche en calor, el frío era intenso a esa altitud, que resultaron ser abrigos muy de moda unas décadas atrás: la razón es que Rusia fue el modelo de China por muchos años y de hecho gran parte de las carreteras e infraestructuras de China fueron construidas con ayuda rusa.

Uniformes verdes

Al principio no había mucha gente en el pico, pero desde medianoche hasta las 5 llegó gente sin parar, un goteo continuo de chinos que saturó cualquier espacio libre que había. La estancia se convirtió en una lucha por conseguir el mejor sitio para ver el amanecer, que irónicamente fue nublado. Según uno de los vendedores de abrigos, debido a la contaminación y la climatología china sólo se puede ver el amanecer 3 días de cada mes. Un 10% de probabilidades de verlo. No hubo suerte, aún así me encantó estar ahí contemplando la luz llenar el cielo. Fue la misma noche que España ganó a Francia en la Eurocopa. Viva el 3G, gracias a él pude seguirlo en vivo y directo.

Amanecer en Hua Shan

Por la mañana pudimos ver parte de las rutas más peligrosas ya que muchas de ellas están cerca del pico Este. Una de ellas era especialmente llamativa, consistía en un acceso a un templo donde los antiguos monjes Taoístas jugaban al ajedrez en mitad de las nubes, estos sí que saben. Al bajar decidimos coger el funicular en el pico Norte para evitar esas 4-5 horas de escaleras y poder dormir un poco. Llegamos a las 12 de la mañana a Xi’an, estábamos muertos pero con una experiencia inolvidable recién vivida.

Templo del ajedrez

Hasta aquí Hua Shan, si os habéis quedado con más ganas buscad en google, hay muchas fotos y relatos de la montaña, por ejemplo aquí la historia de la montaña o aquí unas cuantas fotos más. Por mi parte ya he escrito bastante, lo cierto es que si me he extendido tanto es por que esta fue mi mejor experiencia en China y la que más recuerdos me ha dejado. El resto del viaje lo viví solo, pasé 6 días en Beijing, pero de eso os hablaré en la próxima y última entrada sobre mi viaje a China. ¡Hasta entonces!

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Un mes en China (Parte I)

Muchos de vosotros sabéis que he pasado una temporada en China pero debido a un imprevisto técnico (mi portátil ha pasado a mejor vida) me he retrasado un poco en contaros cómo fue la experiencia. No es fácil escribir un mes entero en un post con menos de 1000 palabras, así que lo voy a dividir en 3 partes para adjuntar las correspondientes fotos.

Llena de algas y tiburones

Parte 1: Chinos, Hong Kong y Daya bay

Organicé mi viaje de tal forma que pudiera disfrutar de vacaciones en Europa, un par de semanas trabajando en Daya Bay, y otro par de semanas viajando por el gran gigante rojo. Pasé mi cumpleaños con mi familia y amigos en Madrid, como ya es costumbre, pero antes descansé una semanita por la costa amalfitana, un viaje más que aconsejable lleno de pueblos con encanto y también de carreteras con suicidas al volante. Retrospectivamente he de decir que fue un acierto disfrutar de estos días en Italia, pues en un mes en China se echan muchas cosas de menos, y entre ellas la comida occidental toma una posición destacada.

Tarta de limón

China es uno de esos lugares que has de ver si tienes la oportunidad, en principio para entender una cultura diferente pero a la vez para entenderte a ti mismo. Es un lugar que invita a la autoreflexión, para comprobar empíricamente que lo que es costumbre viene dado por la sociedad en la que vives, que lo que tu consideras normal depende del sistema de referencia y lo que consideras grosero puede ser lo más natural con un cambio de coordenadas.

A veces cuesta entenderlos incluso si ‘te pones en sus zapatos’, pero creo que ni ellos se entienden a si mismos. Tampoco es que yo lo haga conmigo mismo.

Sus zapatos

Entre las actitudes más chocantes podría destacar su afición a limpiar la acera con constantes escupitajos, la poca higiene de la comida callejera, la afición a violar las leyes al subir al autobús (las de formar colas y también las de la física al intentar ocupar un solo lugar en el mismo estado cuántico como si fuesen un condensado de Bose-Einstein), disculpad la mala comparación técnica pero así aprovecho a enlazaros algo de física :), en otras palabras se conglomeran e intentar pasar primero aunque no haya forma humana para hacerlo. Pero no todo son cosas negativas (desde los ojos de un occidental), al contrario, lo que China ofrece es un mundo diferente en el que apreciar nuevos sabores, colores y realidades. Me encantaba ver cómo las personas se reunían por las noches para bailar, en una coreografía casi perfecta, o para cantar en uno de los cientos de Karaokes espontáneos que se formaban en la calle, también era un placer disfrutar la calma en los templos budistas, caminar a lo largo y ancho de montañas únicas y de monumentos milenarios, sensaciones opuestas al frenesí de sus ciudades contemporáneas.



Mi primera parada fue una de ellas, Hong Kong, un punto intermedio entre China y Occidente, una ciudad llena de contrastes donde su anatomía es un ejemplo más de ello: una masa de rascacielos rodeados de una densa jungla tropical. Hong Kong es un microsistema único, en el que al andar por las pequeñas calles no eres consciente de la gran ciudad que te rodea. Estuve dos días allí donde conocí a un chico sueco con el que compartí aventuras en uno de los ‘hoteles’ más curiosos que puedes encontrar. Los llamados ‘Mansions’ son una mezcla de hostales de poca monta amontonados en una pesadilla arquitectónica, recibido a las puertas por vendedores que te ofrecerían su alma condimentada con curry: una vez entras en este laberinto sólo el hilo de Ariadna te puede sacar de él. Lo cierto es que en Hong Kong es difícil encontrar un hotel a precios razonables para un estudiante, la única opción barata es acudir a esta torre de Babel en la que todo desentona, no hay ningún orden ni concierto, miles de personas se mueven arriba y abajo confinadas en un hormiguero humano que no ha visto la luz natural atravesar sus muros. Sin duda repetiría la experiencia.

Hong Kong

Mi segunda estación fue una nuclear: Daya Bay, ya os he hablado bastante de ella: es una de las mayores fuentes de energía del planeta en proceso de ampliación, nuevos núcleos se instalarán pronto para promocionarla más si cabe en la lista de las top. A unas pocas millas se encuentra la fortaleza de Dapeng, monumento con cierta relevancia para los chinos, y la pequeña ciudad de Dapeng, en la que gente se va a acostumbrando a ver científicos extranjeros caminar por sus calles. En este paraje tan curioso se encuentra mi experimento y mi nueva ‘oficina’, un centro de control en el que vigilar que ocho detectores de antineutrinos funcionen dentro de los límites esperados. Pasé dos semanas en esta pequeña ciudad, donde hay tiendas, supermercados, gimnasio, piscina (abierta y cerrada), playa con tiburones y paseos con palmeras tropicales. Todo ello atravesado por miles de millones de neutrinos al segundo.

My 'office'

Al acabar mis obligaciones en Daya Bay puse rumbo a Shenzhen, donde se fabrican los iPxds entre muchos otros cacharros bajo condiciones laborales, digamos, algo forzadas. Aquí cogí un avión para visitar a mi buen amigo J, sí J, así le gustan que le llamen, ya que nadie en occidente es capaz de pronunciar su nombre correctamente. La ciudad fue Xi’an, una de las antiguas capitales del territorio chino, y a mi parecer una verdadera joya que visitar. La muralla es de los monumentos mejor conservados y entre otras cosas Xi’an es conocida por los famosos guerreros de terracota que se hallan en una instalación a unos pocos kilómetros de la ciudad. En Xi’an descubrí que la población musulmana en China es inmensa, especialmente en el Oeste (tiene lógica al estar en contacto directo con otras naciones musulmanas), y lo cierto es que tengo que admitir que el dato me chocó bastante. Estuve viviendo en el barrio musulmán, con sus mezquitas llamando a la oración, sus chinas con el correspondiente burka y su ausencia de cerdo en los mercados, que por el contrario estaban llenos de piezas de vacuno, como unos jugosos pulmones y riñones crudos al aire libre, esperando a ser comprados mientras que las moscas descansaban sobre ellos bajo el intenso calor de Oriente. Si esto no te quita el apetito nada lo hará.

Mezquita china

Si váis a Xi’an os aconsejo la ruta en bici por la muralla, id cargados de botellas de agua si lo hacéis en verano, y disfrutad de lo barato que es el transporte público para moveros a lo largo y ancho de la ciudad por unos pocos céntimos. Hay muchas cosas que ver y poco tiempo para ello, y aunque los guerreros de terracota sea lo más conocido de la ciudad yo diría que es de lo menos interesante (ya vi la exposición en Madrid y es del estilo). La ciudad tiene mucho más que ofrecer, pero la parada que es realmente interesante está a unos 100 km de Xi’an: La montaña sagrada de Hua Shan. Probablemente fue la mejor experiencia que tuve en todo el viaje, pero os hablaré de esto en la siguiente entrada.

Adjunto una selección de fotos un poco aleatoria de las miles que hice:

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Feliz aniversario (Con sorpresa)

Hace exactamente un año y un día aterricé en un nuevo continente y empecé a escribir en este blog. Desde entonces he tomado 6 vuelos transatlánticos, otros 14 continentales, he visitado parte de Canadá (las cataratas del Niágara y Toronto), Buffalo, Nueva York, Seattle, Nueva Orleans, Memphis y Saint Louis. Y para no dejarme nada en el tintero debo confesar que también disfruté de una pequeña escapada a Turín.

El año que viene no tiene pinta de que vaya a ser menos movido, y casi se pueden intuir nuevas aventuras acercándose en el horizonte. Desde climas nordicos como el de Luleå al calorcito de México, Chile, Miami o San Francisco…(desde donde os estoy escribiendo), ¡también espero que haya muchas visitas inesperadas!

Y en parte la culpa de que vuelva a escribiros la tiene el aeropuerto de San Francisco, que me encanta. Hoy me he despertado en LAX, el de Los Ángeles, donde no hay conexión a Internet gratis, los asientos son incómodos (al menos para pasar la noche), hay obras a cada dos pasos que das, las colas son largas… un aeropuerto de hercúleas dimensiones pero lejos de uno moderno donde te encuentres no sólo en un lugar donde coger tu vuelo, sino también actividades o facilidades para que te puedas entretener mientras esperas.

San Francisco

En cambio en San Francisco, al bajar del avión, me encontré con WiFi libre y un puesto de Google con portátiles accesibles, con lo que decidí acercarme a pasar el tiempo hasta mi siguiente vuelo hacia Chicago. En el camino había varios sillones dignos del malo del Inspector Gadget, y lo cierto es que tuve que pararme en este punto y dejar de visitar el aeropuerto ya que me ofertaron algo difícil de rechazar. Un “Chromebook“, WiFi en vuelo y a devolver en mi destino, y lo mejor de todo, ¡GRATIS! Perfecto para ver el Madrid-Barcelona que me iba a pillar en medio del viaje.

También ha habido problemas con mi ticket: tenía el vuelo previsto a las 7.50 de la mañana, pero al estar a eso de las 5 en el mostrador, me daba tiempo a coger uno a las 6:45. La chica que me atendió fue muy amable, pero al cambiar el vuelo la base de datos tuvo problemas con lo que al embarcar en los aviones los billetes no funcionaban correctamente. Por las molestias en Virgin America me han promocionado a un asiento con más espacio y comida y bebidas ilimitadas, no es primera, pero casi, y se agradece. ¡Parece que el viaje no puede salir mejor!

Con todo esto ya me encuentro en el aire, navegando en internet a más de 10668 metros de altura, a 983 kilómetros por hora, sobrevolando Nevada , y como llevaba demasiado tiempo con el blog abandonado me he animado a escribir unas líneas, y de paso introduciros una serie de post que intentaré ir haciendo según vaya encontrando tiempo y fotos.

Y es que el 1 de agosto comencé un viaje por carretera desde Chicago hasta Los Ángeles. Almu, César, Diego, Javi y yo nos embarcamos en una aventura que espero poder relataros. Un total de  6035 kilómetros, 18 días, 9 estados (Illinois, Missouri, Kansas, Colorado, Utah, Nuevo Mexico, Arizona, Nevada y California), 5 amigos y un coche. ¡Y un montón de anécdotas!

Así pues espero veros por aquí, que dejéis vuestros comentarios, y seguir teniendo contacto con vosotros. Viene un año donde muchos vamos a pasar página a una etapa importante de nuestra vida, dejaremos la universidad por un puesto de trabajo, algunos como yo continuaremos erre que erre entre libros, pero todos comenzando nuevas aventuras y desde luego no me gustaría perderme ninguna de las vuestras.

Seattle, the Emerald City!

Escribo desde más al norte aún que Chicago, ¡Seattle! Viendo la puesta del sol hundiéndose entre las montañas de la península olímpica.

¿Cómo he llegado aquí? Un compañero de teleco Madrid ha venido a Chicago a visitarme, o quizás a visitar a la ciudad y de paso a verme a mí 🙂 Sea como fuere me comentó que tenía unos amigos viviendo en Seattle y como a la ocasión la pintan calva, nos hemos presentado aquí maleta en mano.

El viaje comenzó un poco acelerado, el vuelo salía a las 7 de la mañana y nos queríamos despertar a eso de las 3 y media para ir con tiempo, lo dicho, queríamos. La realidad es que nos despertamos a eso de las 4 y media, y aunque podíamos haber arriesgado, decidimos coger un taxi. Cuando nos quisimos dar cuenta no teníamos ni idea de la terminal a la que ir y con el móvil en mano me puse a hablar por gmail con cualquier persona conectada. Sergio desde España nos dijo a qué terminal ir, el taxista condujo rápido y al final pudimos coger el vuelo con tiempo de sobra.

A partir de ahí todo ha sido disfrutar de una ciudad única: al llegar te maravillas con la panorámica que ofrecen las montañas, nevadas, los árboles, abundantes, y el océano pacífico, pristino, lamiendo la costa de la ciudad con un oleaje calmado por la bahía que refugia la ciudad.

Como buena ciudad americana que se precie, de las que ya voy conociendo unas cuantas (prometo escribir sobre ellas en cuanto tenga algo de tiempo), cuenta con un downtown poblado con rascacielos y una extensa área donde la altura máxima de los edificios no supera el segundo piso. Lo que hace especial a Seattle es esa naturaleza que te deja sin palabras, ¡y por supuesto que el transporte público es gratuito en downtown! Que aunque no sea catalán, la pela es la pela.

Seattle fue la sede de la exposición mundial hace 50 añitos, y como herencia el evento dejó el Space Needle, o la aguja espacial, que estos americanos siempre te saben vender las cosas con un nombre resultón. El primer día fue dominado por las nubes, que tienen fama de ser las principales inquilinas de Seattle, pero la suerte se puso de nuestra cara y hoy ha hecho un día espléndido. Mañana se espera un tiempo aún mejor, con lo que aprovecharémos para subir y ver los alrededores desde su cima.

Entre las muchas cosas que se pueden hacer en la ciudad has de ver el Pike Place Market, subir al Seattle Needle y/o ir al Sturbucks de la torre Colombus si no quieres pagar los 18 dollares que te sajan, visitar el primer Starbucks que también sede en la ciudad esmeralda (en esta zona tienen sede importantes emporios como Microsoft, RealNetworks, Amazon o Expedia), ver la casa de Kurt Cobain, y si tienes tiempo hacer uso de las visitas guiadas por la ciudad, entre ellas hay una interesante que recorre el Underground del que os hablaré en un momento.

El Pike Place Market cuenta con varios niveles que se adentran en las profundidades de la ciudad, está repleto de tiendas variopintas y te sugiere que Seattle esconde más de lo que parece, ¡y es que hay toda una ciudad por debajo de ella!

Si quieres saber más sobre ello lo mejor es realizar un tour por Seattle Underground. Resulta que después del gran incendio de 1889 (toda ciudad americana que se precie tiene un gran incendio) los habitantes de Seattle decidieron arreglar lo que hasta entonces era un estropicio de ciudad. Debido a su peculiar hidrografía el alcantarillado funcionaba de forma caprichosa, según las mareas la presión cambiaba y podías encontrarte con la gran sorpresa de que tu baño en vez de tragar agua la expulsaba. Hartos de mancharse el culo, vieron el incendio como una oportunidad, y en un gran proyecto de ingeniería levantaron la ciudad un piso de altura, en algunas zonas dos, con lo que los edificios que sobrevivieron fueron adaptados para que su segundo piso resultase el primero. Mientras las calles se elevaban poco a poco se llegó a una situación temporal curiosa donde para acceder a los locales elevados desde el nivel inferior se requería del uso de escaleras verticales. Por supuesto la ciudad tornó en un peligro para borrachos, que ya no podían abandonar los bares sin darse un piñazo y para las damiselas ataviadas con corpiños ajustados (con los que respirar no era fácil). Hay que decir que las faldas de varios metros de diametro de la época tampoco ayudaban a moverse.

El resultado ha sido una ciudad con cuestas de aupa, y más hueca que un queso gruyère, pero única en su constitución.

Mañana completaremos nuestra visita y el domingo volvemos a Chicago para seguir con la visita de la ciudad de Al Capone. Mientras os dejo con unas cuantas fotos para abrir boca.

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Jackpot!

Es la primera palabra que me viene a la cabeza después de lo que acabo de vivir. Me encanta la ironía de la vida, cuando es para bien y pasas de estar maldiciendo tu mala suerte a ser bendecido por la gracia de algún ser divino. Esto es una lotería, y a veces tienes el boleto ganador.

Hoy me he estado acordando de todos los copos de nieve que ahora mismo copan Amsterdam y provocaron el cierre de su aeropuerto. Tuve 4 horas en la cola de KLM para pensar en ellos, mi espalda también les enviaba recuerdos, mientras tanto la gente de la cola estaba llamando por teléfono a KLM y siendo eficientemente realojada para vuelos el domingo o el lunes, ya no quedaban plazas y yo prefería un trato más humano a ver qué conseguía.

Nieve en Sciphol

Llegué al aeropuerto a las 14h, el vuelo salía a las 16:15 y hasta cerca de las 18h no fui atendido, pero lejos de estar enfurecido entendía que no iba a conseguir nada quejándome y pidiendo compensaciones, así que decidí ir de buenas. De entre todas las ventanillas me tocó la de una mujer a la que sonreí un par de veces mientras estaba en la cola, al final, un par de sonrisas, unas buenas tardes, y decir que el lunes tenía que dar una presentación en Madrid me abrieron las puertas a un hotel, a tres comidas gratis, a un vuelo Chicago-NY en primera clase y a otro NY-Chicago en Business para el sábado. Jackpot!

Me mandaron a por un autobus en la puerta E5, hacia allí fui pero no conseguía acordarme del nombre del hotel, pregunté a un conductor de otro autobus, él era de El Salvador, con la camadería que da el coincidir con alguien que habla tu propio idioma, cogió mi talón para el hotel, encontró un número, llamó y se encargó de mandar al autobus de mi hotel para el aeropuerto. Mientras tanto, me invitó a entrar al autobus para no congelarme con la cruda noche que nos acompañaba. De nuevo, Jackpot!

Suerte!

En cosa de 5 minutos lidié con dos personas que me trataron con la mayor hospitalidad posible, y eso sí que es una auténtica suerte. Ahora me encuentro en el InterContinental Hotel, y mañana saldrá mi avión. Llego a Madrid el domingo a las 9:35 con procedencia Nueva York. Ya falta nada para que nos veamos de nuevo 😉

Fe de erratas y charla de Navidad

Si bien en el anterior post comenté que iba a dirigirme a Minneapolis, desconozco la razón de ello. Imagino que con tanto lío de viajes me entró esa idea en la cabeza aunque ésta era bien consciente de que Melissa era de Indiana. Así que aquí me encuentro, en Fort Wayne, rodeado de una familia encantadora.

El padre, Michael, es muy afable, profesor de física y entrenador de football, la madre Denise, desconozco su ocupación, de momento puedo decir que ha realizado una cena deliciosa, con pan tostado, aceite de oliva y ajo entre otros manjares. Me hacen sentir como en casa. Melissa es nuestra anfitriona, dejó el IIT el año pasado y hace sus pinitos con el español, ahora apunta hacia Italia. Tiene dos hermanas: Molly y Megan, a la que llaman cariñosamente Eugene. Y a la cena nos ha acompañado compañeros y amigos, además del novio de “Eugene”. Para este último era su primera cena con la familia, y ha tenido que pasar la prueba de responder a alguna pregunta como, “¿cuántas cabras darías por nuestra hija?” Son geniales.

La casa es impresionante, de momento decir que dormimos en diferentes habitaciones 8 personas y parece que mañana llegan más refuerzos para la cena de acción de gracias. Hemos estado en el salón viendo “Elf” y abajo tienen sala de juegos que me recuerda a la de Javi, aunque en vez de billar tienen “foosball”, ping pong, mil juegos de mesa, y uno que me ha encantado: Bop it! . También cuentan con una batería con la que me he atrevido a dar unos chapuceros golpes que intentaba disimular como música.

Por último pero no por ello menos importante, cuando vuelva a Madrid tengo asignada un aula (A-127.1) en la ETSIT UPM para informar a los que quieran venir el año que viene al IIT de todos los pasos a dar y contarles mi experiencia. Esto dará lugar el día lunes 20 de diciembre a las 12:00h. Estáis invitados todos aquellos que podáis tener algún interés.

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