Feliz aniversario (Con sorpresa)

Hace exactamente un año y un día aterricé en un nuevo continente y empecé a escribir en este blog. Desde entonces he tomado 6 vuelos transatlánticos, otros 14 continentales, he visitado parte de Canadá (las cataratas del Niágara y Toronto), Buffalo, Nueva York, Seattle, Nueva Orleans, Memphis y Saint Louis. Y para no dejarme nada en el tintero debo confesar que también disfruté de una pequeña escapada a Turín.

El año que viene no tiene pinta de que vaya a ser menos movido, y casi se pueden intuir nuevas aventuras acercándose en el horizonte. Desde climas nordicos como el de Luleå al calorcito de México, Chile, Miami o San Francisco…(desde donde os estoy escribiendo), ¡también espero que haya muchas visitas inesperadas!

Y en parte la culpa de que vuelva a escribiros la tiene el aeropuerto de San Francisco, que me encanta. Hoy me he despertado en LAX, el de Los Ángeles, donde no hay conexión a Internet gratis, los asientos son incómodos (al menos para pasar la noche), hay obras a cada dos pasos que das, las colas son largas… un aeropuerto de hercúleas dimensiones pero lejos de uno moderno donde te encuentres no sólo en un lugar donde coger tu vuelo, sino también actividades o facilidades para que te puedas entretener mientras esperas.

San Francisco

En cambio en San Francisco, al bajar del avión, me encontré con WiFi libre y un puesto de Google con portátiles accesibles, con lo que decidí acercarme a pasar el tiempo hasta mi siguiente vuelo hacia Chicago. En el camino había varios sillones dignos del malo del Inspector Gadget, y lo cierto es que tuve que pararme en este punto y dejar de visitar el aeropuerto ya que me ofertaron algo difícil de rechazar. Un “Chromebook“, WiFi en vuelo y a devolver en mi destino, y lo mejor de todo, ¡GRATIS! Perfecto para ver el Madrid-Barcelona que me iba a pillar en medio del viaje.

También ha habido problemas con mi ticket: tenía el vuelo previsto a las 7.50 de la mañana, pero al estar a eso de las 5 en el mostrador, me daba tiempo a coger uno a las 6:45. La chica que me atendió fue muy amable, pero al cambiar el vuelo la base de datos tuvo problemas con lo que al embarcar en los aviones los billetes no funcionaban correctamente. Por las molestias en Virgin America me han promocionado a un asiento con más espacio y comida y bebidas ilimitadas, no es primera, pero casi, y se agradece. ¡Parece que el viaje no puede salir mejor!

Con todo esto ya me encuentro en el aire, navegando en internet a más de 10668 metros de altura, a 983 kilómetros por hora, sobrevolando Nevada , y como llevaba demasiado tiempo con el blog abandonado me he animado a escribir unas líneas, y de paso introduciros una serie de post que intentaré ir haciendo según vaya encontrando tiempo y fotos.

Y es que el 1 de agosto comencé un viaje por carretera desde Chicago hasta Los Ángeles. Almu, César, Diego, Javi y yo nos embarcamos en una aventura que espero poder relataros. Un total de  6035 kilómetros, 18 días, 9 estados (Illinois, Missouri, Kansas, Colorado, Utah, Nuevo Mexico, Arizona, Nevada y California), 5 amigos y un coche. ¡Y un montón de anécdotas!

Así pues espero veros por aquí, que dejéis vuestros comentarios, y seguir teniendo contacto con vosotros. Viene un año donde muchos vamos a pasar página a una etapa importante de nuestra vida, dejaremos la universidad por un puesto de trabajo, algunos como yo continuaremos erre que erre entre libros, pero todos comenzando nuevas aventuras y desde luego no me gustaría perderme ninguna de las vuestras.

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¿Vivir o no vivir en campus? Esa es la cuestión

Estos días hay bastante bullicio por las listas de correo para gente interesada en irse al IIT. Uno de los temas más candentes es una discusión sobre si vivir o no vivir en campus. Además, hoy he recibido un mensaje en el blog con respecto a esto y me alegra mucho poder responder, ya que ese era uno de los propósitos de este blog, servir de referencia a los que vienen detrás. Voy a extenderme ya que creo que es un tema crucial.

Primero de todo, quiero dejar claro que mi respuesta es única y personal, se da acorde a mis circunstancias, a mis gustos y a mis experiencias, y esta es, sin duda, vivir en campus.

Cada opción tiene sus pros y sus contras, y no considero que ninguna sea incorrecta, todo depende de qué busques vivir.

Voy a intentar exponer cosas buenas y malas de vivir en campus, que es mi elección y de lo que puedo hablar. También intentaré contraponer estos puntos a lo que creo que es vivir fuera de campus.

El principal argumento para elegir vivir en campus es la internacionalización de este. A poco que participes en las actividades y que te muevas, conoceras cientos de personas en pocos días (en mi caso en menos de una semana) y luego podrás ir formando un buen grupo de amigos (más reducido) con los que divertirte, y lo mejor de todo, que no hablen español. Para mí, llegaron a ser casi una segunda familia, casi 24 horas juntos al vivir todos en campus. Gente americana, francesa, belga, italiana, china, india, mejicana, sueca, noruega, griega, lituana, turca y española junta. Seguro que me olvido alguna nacionalidad, pero os podéis hacer una idea de la diversidad que hay en campus. La gente que vive fuera pierde esa gran oportunidad, aunque luego en fiestas vas conociendo a gente y también puedes unirte a grupos internacionales.

He oído criticar que los chinos se juntan con chinos, y que indios se juntan con indios y que es difícil entrar en sus grupos, pero debo decir que españoles tienden a juntarse con españoles, franceses con franceses etc… En mi caso tuve muy presente que no quería que mi grupo de amigos fuese español, para forzarme a mejorar mi inglés, y encontré este grupo internacional donde pude desarrollarlo mejor que en cualquier otra circunstancia.

El lugar más idóneo para esto es el MSV, donde hay grandes salones en los que convivir. Las habitaciones son pequeñas si las compartes, siendo graduate tienes acceso a cocina y el baño es compartido, lo que a mí no me gustaba, pero cuando piensas que no tienes que limpiarlo es un punto a favor, además son las más baratas. También hay suites para vivir solo con cocina incluida.

Aunque yo vivía en Gunsaulus, pasé la mayor parte de mi tiempo en campus en el MSV, con gente muy agradable, estudiando, hablando, jugando… socializando. Estaba siempre en el pasillo del segundo piso del Graduate Hall. En Gunsaulus sólo iba a ducharme y a dormir.

Gunsaulus tiene habitaciones más grandes que el MSV, es algo más caro, pero en calidad precio (para lo que ofrecen en campus) es lo más coherente. Todas las habitaciones tienen baño y cocina. Puedes tener dormitorio privado pagando un poco más, ya sea en estudio o en apartamentos para 3 personas. Por supuesto fuera de campus encuentras cosas mucho mejores por el precio que pagas en campus, aunque tienes que buscar también gente con la que compartir el piso.

Lo que sí nunca cogería es el SSV, caro, frío, raro, y no ofrece más de lo que te ofrece Gunsaulus.

También hay residencias en campus que no están amuebladas pero salen más baratas y tienes la localización del campus. Son del estilo de Gunsaulus y reciben el nombre de Carman Hall.

Como última opción puedes irte a vivir a una fraternidad, que están dentro del campus. Disfrutan de multitud de actividades, barbacoas, las hay con jacuzzis… pero tengo entendido que son caras.

En resumen, viviendo en campus pagas más, pero a cambio tienes a tu disposición todos los servicios a un minuto desde tu casa. Hay pistas de volleyball, gimnasio, piscina, campos de fútbol, baloncesto, football americano, baseball, badminton, tennis, paddle… (todo ello gratuito, o mejor dicho incluído en la matrícula). Todas las clases están a una manzana de distancia, y aunque en algunos masters no tienes por qué ir a clase ya que las graban, en mi caso, por ejemplo, no era así. Tener que salir de casa a las 7 de la mañana con un frío de -20ºC para coger 40-50 minutos de metro y asistir a clase no es mi plan de ensueño.

En el precio están incluidas bastantes actividades de las que puedes sacar provecho. Clases de cocina, concursos, actividades para conocer gente, barbacoas… el primer mes de mi estancia fue el más divertido sin lugar a dudas. Estoy a la espera de este verano para pasármelo igual de bien.

Otra opción que contemplaría es vivir cerca del campus y luego intentar hacer vida en él. Los pisos son más baratos, y puedes contar con las cosas buenas de estar cerca del campus. En este caso para entrar en los edificios del campus necesitarás gente que te haga un “sign in”. Esto se debe a que si no vives en el campus no tienes acceso a todos los edificios, y necesitas a alguien que te meta en ellos, pero no es mayor problema. De hecho en mi segundo año yo voy a hacer esto, la razón es que yo ya he disfrutado de todas las cosas buenas del campus, y las amistades ya las tengo hechas, pero para alguien que viene de nuevas seguiría aconsejando vivir in campus.

En el campus tienes todas las oficinas, la student life association, donde algunos días te interesará llegar el primero a eso de las 9 de la mañana para coger tickets a $5 de actividades que cuestan 10 veces más, tienes un 7/11 abierto 24/7 y varios sitios para comer…

El meal plan NO es obligatorio si tienes cocina, en mi caso yo no lo cogería, al ser graduate tienes siempre acceso a ella. Así pues, sólo enviando un email a housing diciendo que no quieres meal plan porque tienes donde cocinar, no tienes que pagarlo (que no es barato). Además venden comidas a $7.5 dolares en la misma oficiona en la que recoges el Upass (una especie de bono transportes), cuando el precio por meal plan son $10 dolares.

Por último me gustaría hablar sobre seguridad. Dicen que la zona del campus no es segura, y habría que matizarlo. Es cierto que en Chicago cuanto más al sur más peligroso, pero el campus, en sí, es seguro. Recuerdo haber leído que era de los más seguros en EEUU, ya que tienes patrullas “public safety”, guardias de seguridad 24 horas recorriendo el campus. Lo que no quita es que cuando sales del campus la cosa puede ser peor. Este año hubo un atraco en la estación de metro, pero no tengo noción de ningún altercado más. A su vez, hay mucha gente que vive en el Norte, que se presupone más seguro, y también conozco de varios casos de atracos en esa zona (Fullerton es la zona de fiesta y donde la gente suele irse a vivir). Con lo que en base a mi experiencia, mientras no te vayas más al sur del campus no corres más peligro que en cualquier otra zona de Chicago. Yo NUNCA he tenido ningún problema, y por supuesto debes tomar tus precauciones, mejor ir en grupos si vuelves de noche, y no te metas en sitios que no te den buen feeling.

El campus es limpio, y tu habitación lo será si te encargas de ello :). Como curiosidad mencionar que el metro pasa por dentro del campus. Esa línea se corta por las noches para evitar el ruido, y los edificios están bastante bien insonorizados, yo no he tenido ningún problema de sueño con ello.

Espero haber resuelto la mayor parte de dudas, seguro que me dejo cosas en el tintero, pero en resumen me gustaría transmitiros que mi experiencia ha sido plena y no podría haber sido así si no hubiera vivido en campus. El IIT no me paga por hacer publicidad, y por poner algo malo a vivir en campus, diría que te acomodas y es más difícil irse a ver la ciudad, aunque los fines de semana son propicios para ello, pero para aprovecharlos hay que currar y quitarse los homeworks de en medio durante la semana.

Seattle, the Emerald City!

Escribo desde más al norte aún que Chicago, ¡Seattle! Viendo la puesta del sol hundiéndose entre las montañas de la península olímpica.

¿Cómo he llegado aquí? Un compañero de teleco Madrid ha venido a Chicago a visitarme, o quizás a visitar a la ciudad y de paso a verme a mí 🙂 Sea como fuere me comentó que tenía unos amigos viviendo en Seattle y como a la ocasión la pintan calva, nos hemos presentado aquí maleta en mano.

El viaje comenzó un poco acelerado, el vuelo salía a las 7 de la mañana y nos queríamos despertar a eso de las 3 y media para ir con tiempo, lo dicho, queríamos. La realidad es que nos despertamos a eso de las 4 y media, y aunque podíamos haber arriesgado, decidimos coger un taxi. Cuando nos quisimos dar cuenta no teníamos ni idea de la terminal a la que ir y con el móvil en mano me puse a hablar por gmail con cualquier persona conectada. Sergio desde España nos dijo a qué terminal ir, el taxista condujo rápido y al final pudimos coger el vuelo con tiempo de sobra.

A partir de ahí todo ha sido disfrutar de una ciudad única: al llegar te maravillas con la panorámica que ofrecen las montañas, nevadas, los árboles, abundantes, y el océano pacífico, pristino, lamiendo la costa de la ciudad con un oleaje calmado por la bahía que refugia la ciudad.

Como buena ciudad americana que se precie, de las que ya voy conociendo unas cuantas (prometo escribir sobre ellas en cuanto tenga algo de tiempo), cuenta con un downtown poblado con rascacielos y una extensa área donde la altura máxima de los edificios no supera el segundo piso. Lo que hace especial a Seattle es esa naturaleza que te deja sin palabras, ¡y por supuesto que el transporte público es gratuito en downtown! Que aunque no sea catalán, la pela es la pela.

Seattle fue la sede de la exposición mundial hace 50 añitos, y como herencia el evento dejó el Space Needle, o la aguja espacial, que estos americanos siempre te saben vender las cosas con un nombre resultón. El primer día fue dominado por las nubes, que tienen fama de ser las principales inquilinas de Seattle, pero la suerte se puso de nuestra cara y hoy ha hecho un día espléndido. Mañana se espera un tiempo aún mejor, con lo que aprovecharémos para subir y ver los alrededores desde su cima.

Entre las muchas cosas que se pueden hacer en la ciudad has de ver el Pike Place Market, subir al Seattle Needle y/o ir al Sturbucks de la torre Colombus si no quieres pagar los 18 dollares que te sajan, visitar el primer Starbucks que también sede en la ciudad esmeralda (en esta zona tienen sede importantes emporios como Microsoft, RealNetworks, Amazon o Expedia), ver la casa de Kurt Cobain, y si tienes tiempo hacer uso de las visitas guiadas por la ciudad, entre ellas hay una interesante que recorre el Underground del que os hablaré en un momento.

El Pike Place Market cuenta con varios niveles que se adentran en las profundidades de la ciudad, está repleto de tiendas variopintas y te sugiere que Seattle esconde más de lo que parece, ¡y es que hay toda una ciudad por debajo de ella!

Si quieres saber más sobre ello lo mejor es realizar un tour por Seattle Underground. Resulta que después del gran incendio de 1889 (toda ciudad americana que se precie tiene un gran incendio) los habitantes de Seattle decidieron arreglar lo que hasta entonces era un estropicio de ciudad. Debido a su peculiar hidrografía el alcantarillado funcionaba de forma caprichosa, según las mareas la presión cambiaba y podías encontrarte con la gran sorpresa de que tu baño en vez de tragar agua la expulsaba. Hartos de mancharse el culo, vieron el incendio como una oportunidad, y en un gran proyecto de ingeniería levantaron la ciudad un piso de altura, en algunas zonas dos, con lo que los edificios que sobrevivieron fueron adaptados para que su segundo piso resultase el primero. Mientras las calles se elevaban poco a poco se llegó a una situación temporal curiosa donde para acceder a los locales elevados desde el nivel inferior se requería del uso de escaleras verticales. Por supuesto la ciudad tornó en un peligro para borrachos, que ya no podían abandonar los bares sin darse un piñazo y para las damiselas ataviadas con corpiños ajustados (con los que respirar no era fácil). Hay que decir que las faldas de varios metros de diametro de la época tampoco ayudaban a moverse.

El resultado ha sido una ciudad con cuestas de aupa, y más hueca que un queso gruyère, pero única en su constitución.

Mañana completaremos nuestra visita y el domingo volvemos a Chicago para seguir con la visita de la ciudad de Al Capone. Mientras os dejo con unas cuantas fotos para abrir boca.

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¡Quién me ha visto y quién me ve…

A veces me pregunto cuánto me está cambiando esta experiencia, lo único que tengo seguro es que está siendo para bien.

No deja de ser difícil no mirar para atrás de vez en cuando, y cada vez la vista está más lejos y más difusa. Sobretodo cuando intento focalizar una vaga imagen de mí hace apenas un año.

En febrero del año pasado andaba yo de exámenes en 4º curso de carrera, mi vida se centraba en la escuela, estaba inmerso en el proyecto Mentor, tenía una beca de colaboración y me encontraba preparando Satelec con un grupo fantástico (por cierto aprovechemos para desearles la mejor de las suertes este año). ¿Y si hubiera hecho 5º allí? ¿En cuántos proyectos andaría metido?

En febrero del año pasado yo seguía con mi dieta “mediterranea” de toda la vida; patatas, huevos y salchichas para cenar. En la cafetería de teleco esa napolitana de todos los días la acompañaba un “justo” con leche. Cuando me tocaba quedarme para comer no hacía falta ni pedirle a Enrique, el camarero, qué era lo que quería. Un francesa serrano con Sprite, daba gusto llegar a la barra y ver cómo te lo ponían sin tan siquiera abrir la boca. ¿Y si volviese ahora? ¿seguiría siendo todo tan monótono? ¿se acordarían de mí?

En febrero del año pasado estaba yo a la espera de noticias de la Oficina Internacional para saber si me iba a Chicago, a la espera de noticias de saber si había aprobado el TOEFL y el GRE, a la espera de noticias de saber si mi vida iba a dar un salto del que aún no sé dónde va a aterrizar. ¿Y si no me hubiera atrevido a hacerlo? ¿Estariáis leyéndome ahora?

En febrero del año pasado escuchaba yo la Polonesa de Chopin, como ahora mismo tengo la grandísima suerte de escuchar tocar a una anónima, aunque los dedos que la interpretan son más inexpertos que los que me tienen acostumbrado a regalarme tal melodía. Es una pieza que me trae buenos recuerdos, y ahora mismo une mi presente con mi pasado.

Hablando de presente, en febrero de este año ando yo en exámenes del Master, mi vida ya no gira alrededor de cuatro muros de hormigón, ahora me encuentro inmerso en un eje que no gira sólo en torno a mí. Conozco a nuevas personas casi a diario, vivo experiencias que me enriquecen cada segundo, a la vuelta de la esquina está una nueva aventura siempre aguardando y esta vez en vez de preparar yo el foro de empleo, me ha tocado asistir a uno. ¿Hacia dónde tornará mi vida en febrero del año que viene? ¿Cuál será mi nuevo eje?

En febrero de este año habré tomado más ensaladas, tomates, pimientos, berenjenas (que siguen sin gustarme) y, ¡atentos que vienen curvas!, ¡¡queso!! que en toda mi vida. De hecho ha sido en febrero de este año cuando he probado por primera vez una pizza, una margarita, y aunque los detractores afirman que el queso casi no se notaba con la crema, yo me siento muy orgulloso de haberla tomado, y hasta puedo afirmar que estaba rica. Mi segunda experiencia con el queso la dejaré para marzo de este año. ¿Acabaré siendo végano? ¿Me iré a tomar unas pizzas cuando vuelva a Madrid con mis amigos para que se lo crean?

En febrero de este año estoy yo a la espera de noticias del doctorado, de saber si seguiré en Chicago un año más o por el contrario deberé partir a lugares más lejanos, a la espera de noticias de saber si mi vida va a pegar otro salto sin tan siquiera haber puesto el pie en tierra con el anterior. ¿Seguiré usando este blog como puente a casa? ¿Tendré que tender uno más largo?

Ya sólo me queda volver a escuchar a Chopin una vez más para que en febrero del año que viene pueda volver a enlazar mi presente con mi pasado, echar otra breve vista atrás, sin miedo, con orgullo, sin anhelos, tan sólo recordando que lo que seré entonces será parte de lo que soy… y sombra de lo que era!

Una de fotos en la nieve

Para hacer justicia al último post, en el que no añadí ninguna imagen, adjuntaré unas pocas un porrón de cómo nos lo pasamos el día después de “la gran ventisca”. Que también fue denominada como: “Snowmageddon”, “Snopocalypse”,”The Great Groundhog Day Blizzard”, “The Snowtorious B.I.G.”, “Snolocaust”, “Snowlapalooza”, “Fiascsnow”, “Blizzaster”, “Snownami”,”Blozzardpalooza”, “The Great White Heap”, “Thundersnow”,look out for “snowrnadoes”, “Anglelina Snowlie”, “Snowger fiel…

A mí me dió por llamarla Snowzilla. Lo cierto es que tendré muy buen recuerdo de ella. Sobretodo después de haber practicado volleyball en la nieve. La cosa surgió de la nada, después de una batalla campal con bolas de nieve, vimos a un grupo que iba a jugar y nos sumamos a esa maravillosa idea. Para que luego en Madrid algunos debiluchos no jueguen en condiciones climáticas adversas… no miro a nadie.






Y ahora la batalla en la nieve:






















Por último os dejo con las fotos que hicimos Sunny y yo en la playa que hay cerca del IIT:






Un día para recordar

Hoy ha sido un día lleno de emociones. En esta entrada no voy a poner fotos, no voy a poner decoración, con sólo encontrar las palabras para expresar lo que siento ahora mismo sería suficiente.

Recordaré el 3 de febrero de 2011 por mucho tiempo, como una fecha que empezó en un vagón de metro, cantando el cumpleaños feliz, con comida china en una bolsa y las maletas de una amiga dirección a Madrid. Pasamos la noche juntos, jugando al trivial de Disney, recordando el Super Mario World y viendo Spanglish para luego yacer en una incómodamente confortable moqueta.

Después de dormir apenas tres horas, nos dirigimos a tomar un poco de té y en mi caso un capuccino. Después de esto nos encaminamos dirección al aeropuerto, donde entre lágrimas nos despedimos de Sydney, que por seis meses vivirá en Madrid. Va a conocer mi cuna, mi hogar e incluso asistirá a una pequeña escuela llamada ETSIT donde pasé unos grandes años de mi vida. Dentro de medio año volverá con las maletas cargadas de recuerdos, para entonces los compartiremos y Dios sabe qué rumbo llevaré en mi vida.

La vuelta a casa fue más corta de lo que acostumbra, explicando qué era un trigger de un osciloscopio se me pasó el tiempo volando, y una vez llegamos al campus me adentré en The Commons para disfrutar de una agradable conversación con Alix, la chica francesa que me acompañó en Thanksgiving. Entre otras cosas hablamos de nuestros planes para el Spring Break, que todavía están por perfilar.

Lo siguiente fue una hora de clase recordando series de Fourier aplicadas a problemas de contorno electromagnéticos y entonces tres horas de espera, buscando a última hora papel para envolver regalos, sin mucho éxito. Hoy era el cumpleaños de Giorgia, y la teníamos preparada una sorpresa de la que hemos formado parte muchos. Metí en mi mochila mis regalos y mi ilusión por hacer de este día algo inolvidable para ella, lo que al final ha acabado siendo algo inolvidable para todos.

Me acerqué al MSV, la residencia donde iban a comenzar los preparativos de la fiesta a eso de las 6, parecía que todo estaba vacío, la gente empezaba a llegar con cuentagotas, me puse un poco nervioso pero no me dió tiempo a darle muchas vueltas al asunto, ella salía a las 6:40 de clase y tenía que encargarme de mantenerla lejos del MSV durante una hora y media. Pan comido. La conversación fue fluída, tenía algunos temas para sacar pero no hubo falta recurrir a ningún guión preestablecido, tan sólo nos acercamos al Starbucks y pasamos allí una hora muy agradable. Fuí sacando mis regalos con cuenta gotas ganando tiempo.

En mitad de la charla recibo un mensaje, “tienes que aguantar 20 minutos más” y ella ya estaba preparada para marcharse. Contesto que va a estar difícil y me dice Sunny que hay que pasar al plan B, “Desmáyate, 20 veces”. Tuve que ir al baño y llamarla desde allí para saber exáctamente qué quería decir. Realmente quería decir que me desmayase y ganase 20 minutos, aún así no hizo falta recurrir al plan B. Hice como que no había escuchado que tenía que volver, como que el hecho de que tuviese la chaqueta puesta no era una indirecta de una partida inminente, más bien de una reacción natural al frío que nos abrigaba. Después de recibir la señal correcta me dirigí con ella al MSV y me marché como si no hubiera nada esperándola, todo lo contrario.

Una vez me perdió de vista, deshice mis pasos y la seguí por el pasillo, entré en el salón donde todo el mundo nos estaba esperando, y me sume a la marabunta siendo uno más. Uno más de un grupo que contaba con decenas de amigos, y la mayor de las sorpresas, sus padres escondidos entre nosotros. Se lleva gestando todo esto desde hace un par de meses, y allí estaban ellos, en la oscuridad, con una tarta, regalos, recuerdos de familiares, cargados de cariño y de expectación por ver a su hija. Unos minutos después, Giorgia siguió las migas de pan que llevaban a donde estaba esperándole una emoción inmensa que se nos contagió a todos.

Los padres estaban detrás de los más altos, y en el momento de comenzar a cantar el cumpleaños feliz aparecieron de la nada. Sorpresa, sorpresa era un programa de novatos comparado con lo que hemos gestado hoy, y el mayor premio la sonrisa no sólo de una amiga, si no de una familia entera. Todos hemos aportado para hacer de este 3 de febrero el mejor día de lo que va de año, al que tengo que añadir un hito más; recibí la buena noticia de haber superado el Qualifying Exam. Por fin tengo derecho a conseguir el Master si apruebo el semestre, por fin ya he saltado la barrera que me separaba de obtener mi doble titulación. Ya sólo falta coser y cantar.

La tormenta perfecta

Hoy está siendo un gran día. Al despertarme no tenía luz, agua, calefacción… estaba en la edad de piedra por unos momentos. Habían avisado ayer de que iban a cortar el suministro de luz para desarrollar el “power plan”, sigo sin saber a qué se refieren, pero vamos, que a nadie se le ocurre hacerlo en verano, mejor elegir el día en el que según las predicciones metereológicas van a caer chuzos de punta y el grajo no es que vuelve bajo, es que no vuela.

Enlazo la noticia a las condiciones climáticas aquí. Como dato adicional, parece ser que el que viva en la costa va a disfrutar de un espectáculo sin parangón, con olas cercanas a los 6 metros de altura.

Pero aunque parezca lo contrario, mi tono no es de queja, es casi de admiración. He disfrutado de un día diferente, alegre, en el que he tenido que irme a otro edificio a asearme en mitad de la nieve, la clase ha terminado antes ya que el profesor estaba preocupado por su vuelta a casa, y es que llegan a decir que las condiciones son “peligrosas para la vida”. Pero más allá de eso, yo veo un día precioso, en el que disfrutar a lo grande. He estado en mitad de la ventisca sintiendo ese viento, y siempre que no vayas en contra es una sensación maravillosa.

Lo mejor del día ha sido cuando me he acercado al Herman Hall en busca de refugio, estaba divirtiéndome de lo lindo con la nieve y al entrar al edificio le comento a una chica lo genial que era todo aquello, unos segundos después se acerca y me ofrece comida gratis, ensaladas, yogurt, sandwiches… ya que el día siguiente no podían abrir por el clima y preferían que no se estropease. Si es que a veces pienso que tengo una flor en el culo.

Mañana se anulan las clases, lo que es todo un alivio para mí, que tenía 3 homeworks para mañana. Una pena que internet no se caiga, pues todavía puedo entregarlos por email…. pero va a ser que no.

El otro día estuve en el Navy Pier donde había un concurso de estatuas de hielo, el lago estaba congelado y disfrute de una de las imágenes más hermosas que puedo conservar en mi mente. No me puedo imaginar cómo debe ser ver las olas de 6 metros con el hielo encima, me encantaría ir al lago ahora mismo, pero aprecio mi vida lo suficiente como para preferir quedarme en casa antes de coger una pulmonía. Mientras tanto, os dejo unas imagenes para que disfrutéis de esto tanto como lo estoy haciendo yo, y además calentitos. Como nota, decir que estas fotos son de los primeros minutos de ventisca, ahora a eso de las 3 de la mañana, la nieve me llega por encima de las rodillas, volver a casa ha sido una odisea, casi parecía que estaba haciendo step en el gim.

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